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Educando a mis padres

  • Foto del escritor: Seniora Dógoda
    Seniora Dógoda
  • 24 abr 2019
  • 9 Min. de lectura

Actualizado: 13 mar 2025



Día 1

Mamá preguntó si yo iba a nacer en esa habitación. Cuando los médicos le preguntaron qué había de malo, dijo que no le parecía bien que lo primero que yo viera del mundo fuera un empapelado de gansos azules. No le contestaron, claro, y ahí me vi venir un parto complicado.

Entonces vino el anestesista con la peridural y mamá se movió y él la puso mal y ella lo insultó y él se estaba defendiendo cuando entró papá y lo abrazó porque resultó que jugaban juntos al fútbol, así que se pusieron a hablar del partido del domingo mientras mamá pensaba en todo lo que había dicho y yo terminaba de confirmar que el parto, claramente, iba a ser complicado.

Después supe que mamá no había llegado a terminar el curso preparto. La partera, que sí lo sabía, sumó eso a que eran ya las dos de la mañana y en un rápido debate con el obstetra decidieron que yo iba a nacer por cesárea. Ahí aprendí la lección número uno de esta vida: no se polemiza con profesionales de la salud cuando uno tiene puesto un camisolín, y menos aún se hacen comentarios sobre decoración. Mucho menos.

Me sometieron a una interminable bienvenida que incluyó baño, sonda, pinchazos en las piernas, en el talón, luces en los ojos… Una bienvenida que no condecía en lo más mínimo con la alegría de verme que todos expresaban. Cómo será si no me hubieran estado esperando. Y para terminar el número me pusieron una batita rasposa con una bonita guarda de gansos azules.

Día 4

Después de dos días en el hospital, llegamos a casa. Como escuché que era probable que durmiera mucho o llorara como loca, hice las dos cosas de forma alternativa y durante treinta y seis horas. Es que no es para menos. Dormía, dormía y cuando empezaba a abrir un ojo, me encontraba con un montón de adultos mirándome fijo como si fuera el ejemplar exótico del acuario. Como para no llorar a los gritos. Lloraba tanto que del cansancio me quedaba frita otra vez y cada vez que abría un ojo, estaban ahí de nuevo mirándome fijo.


Día 10

Esto no es como la nurserie, acá soy la única y todavía no sé si eso es bueno o malo. Mamá y papá me mostraron un montón de cosas inútiles que habían preparado para mí. Me compraron un catre gigante que me sobra por todos lados y no voy a usar hasta los veinticinco años, una bañera que se va a llenar de tierra hasta que se me caiga el ombligo y un adaptador para el inodoro que estrenaré cuando hayan gastado cuatro aguinaldos en pañales.


Día 15

Después de una semana chupando teta un promedio de dieciséis horas diarias, mamá me dio una cosa que se llama chupete. Qué lindo, por qué habrá esperado tanto. Es lo mejor que me pasó en la vida. Es mejor incluso que la teta porque no viene unido a una persona que canta.


Mes 1

Lo bueno de ser bebé es que todos hablan y hacen delante de uno como si no entendiera, así que me entero de todo. Gracias a eso sé muchísimos secretos: papá se mete el dedo en la nariz cuando nadie lo ve, mamá critica a abu cuando habla por teléfono y la empleada doméstica usa el mismo trapo para limpiar la mesa y mi boca, algo que el reglamento de higiene y salubridad de mamá no aprobaría jamás. Cuando mamá está en casa, todos pasan a lavarse las manos antes de saludarme. Cuando mamá no está, nadie lo hace. Es más bien al revés: primero los vomito, después se lavan.


Mes 5

Hoy me dieron la primera papilla, una pasta amarilla llena de grumos que a cualquier restaurante mediocre le hubiera dado vergüenza servir. La escupí, por supuesto, qué más iba a hacer. Incluso redoblé la apuesta y arrojé la cuchara al piso. Mamá la levantó y yo la tiré de vuelta, desafiante. Así unas diez veces hasta que mamá se cansó, se llevó todo y me dejó chupándome el dedo del pie, que dicho sea de paso está bastante bien: salado y suave. Nada que ver con el puré.


Mes 6

Papá y mamá empezaron terapia de pareja. Mamá dice que papá nunca está contento y papá dice que mamá no se sabe organizar. Yo creo que lo que tienen es sueño. Por lo que oigo yo les cambié un poco las cosas. Antes iban al gimnasio, al cine, a comer afuera y ahora van al pediatra, cuando tienen la suerte de salir. Mi pediatra tiene un programa en la tele. Es como el sex symbol del canal de señoras. Escuché que la tele engorda y debe ser verdad porque cada vez que voy al consultorio está más gordo.


Mes 8

No sé si es mi percepción o es la casa, pero todas las cosas parecen haberse elevado un metro: el shampoo, los pañuelos, el papel higiénico. Empecé a gatear, ¿será eso?


Mes 12

Papá dice que un chirlo de vez en cuando no le hace mal a nadie. Mamá le contesta que el chirlo se lo dieron a él en el cerebro cuando lo educaron en el franquismo. Yo no sé qué es el franquismo pero suena a Franco, que era el nombre del anestesista del parto así que muy bueno no debe estar. Qué porquería de parto, para qué me acordé.


Mes 16

Me salió una muela de adulto. Me queda grande. O capaz es como la ropa que me compran, que es grande para que dure mucho. Lo peor es que todavía tengo un montón de huecos, ya no sé qué pasarme por las encías. El pediatra le dijo a mamá que las muelas no duelen. Cuando dio su explicación de que las muelas salen hasta los doce años y él no recuerda que le hayan dolido, me puse como loca y le repartí los frasquitos de muestras por todo el consultorio. La próxima le muerdo la cara, a ver si las muelas duelen o no.


Mes 17

Mamá está enojada porque le digo papá. Yo me divierto, se pone como loca. Le dice a papá que es culpa de él porque estuvo seis meses diciendo papápapápapápapápapá y discuten como dos nenes. La verdad es que yo estaba hasta el moño de escuchar a papá decir papá y empecé a decirlo a ver si se callaba. Funcionó, para qué mentir. ¿Querés papá? Tomá papá, a partir de ahora todos son papá. Igual la gente tiende a complicar las cosas. Papá, mamá, abuela… ¿por qué no son todos papá si todos tienen nariz, ojos, bigote? ¿Y los números? Eso es una locura, parece que son infinitos y pretenden que me aprenda los nombres. A mí que no me compliquen, yo si cuento digo tres, tres, tres, tres, tres, qué más da.


Mes 18

Ayer, volviendo en el auto, mamá dijo que la mujer con la que hacen terapia de pareja no le cierra. Dijo que le parece que no plantea objetivos claros, que saca conclusiones fuera de contexto y que no escucha. Fue muy medida en las críticas, no como cuando habla con las amigas y dice que es la típica malcogida que estudió psicología y que se la imagina gritándole a su ex por la cuota alimentaria del nene. Papá dijo que sentía que como analista era muy superficial y no sabía destrabar conflictos, lo mismo que dice cuando habla con los amigos. Para mí que no van a ir más. Yo igual mucho no me la banco desde que escuché que está a favor del Duérmete niño. Ah, hoy dije mamá.


Mes 19

A mí abu me gusta porque llega a casa, prende los dos televisores y comemos facturas en la cama y en el sillón. Escuchó que si el plato es más chico la comida parece más y uno come menos, así que el otro día comió carne al horno con papas en un plato de té.

Me animo a decir que el desempeño de abu no cumple las condiciones de higiene que exige mamá: para saber si me hice caca, abu mete un dedo en el pañal. Dice que le quedó la costumbre desde que mamá era bebé porque usaba bombacha de goma, pero pasaron treinta años y cuatro nietos, y ella sigue metiendo el dedo. En el fondo creo que le gusta ver la cara de mamá cuando le muestra el dedo sucio a dos centímetros del acolchado y le dice “sí, cambiala”. Yo no digo nada y si esto sigue así, no hablo hasta que cumpla los dieciocho y me pueda ir de casa.


Mes 20

Papá y mamá hicieron poner una reja para que no me escape del jardín a la calle. Diez minutos más tarde decidí que cuando sean viejos los voy a meter a los dos en un geriátrico así ven lo que es estar encerrado. Veinte minutos más tarde me di cuenta de que para el geriátrico falta bastante, así que salí con un crayón y fui hasta la reja para hacer una pintada de protesta. Me sacaron el crayón y me metieron adentro pataleando, pero no pienso abandonar la lucha y voy a volver a pintarla apenas pueda.


Mes 21

Hoy empecé el cole. Estoy en lo que se llama “Periodo de adaptación” y es bastante simple: dejan que mamá se quede cerca para que no sufra tanto cuando ve que yo juego con otras personas. De a poquito la van a ir despegando hasta que se vaya sin llorar. Viene bien, aunque ayer la mandaron a tomar un café y volvió veinte minutos antes de la hora.

También abrí la reja y me fui a dar un paseo de 5 metros. Ahí me agarraron y decidí que el geriátrico va a ser medio pelo.


Mes 22

Hoy me di cuenta de que mamá me deja jugando en el cole y se va. ¿Cómo se va a ir? Me puse a llorar como un chancho hasta que la directora la llamó por teléfono, la trajo de vuelta y nos fuimos a casa. Después me subió fiebre y ahora tengo mocos por todo el cuerpo, adentro y afuera. Me llevaron a la guardia y me atendió una doctora divina. Me miró de lejos, me mostró un osito y anotó todo en una computadora. Como a mamá no le gustó la doctora (parece que la guarda de gansos azules fue el principio de algo más) nos fuimos a ver a mi pediatra, que me metió un aparato en las orejas, me abrió la boca, me nebulizó, me mandó a hacer una placa y me enchufó unas gotas horribles. Mamá dice que mi pediatra es el mejor. Yo estoy empezando a dudar del criterio de mamá.


Mes 23

Decidí no dormir la siesta de la mañana. Qué orgullo, qué entereza no ser más un bebé. Me quedé jugando, corriendo, saltando, sintiendo en las venas el libre albedrío. El almuerzo fue una porquería, no tenía ganas de masticar y tiré todo por el aire. Tenía sed pero no tenía ganas de tomar agua, abría la boca para bostezar y mamá me metía comida. Escupía, lloraba, gritaba, me sentía poseída. Después de un rato me dormí en la silla y ahora me duele el cuello. Mañana duermo la siesta de la mañana, vuelvo a ser bebé y dejo el libre albedrío para el mes que viene.


Mes 24

Mocos, mocos, mocos, todo el tiempo me cuelgan mocos. El pediatra dice que por eso a los nenes nos dicen mocosos y yo pienso para mí que es una suerte que todavía no construya oraciones porque si pudiera le diría que mocoso será tu abuelo, que yo soy una lady y que eructar y no controlar esfínteres no me hace menos señorita. Mamá me hace baños de vapor, me nebuliza, me persigue con pañuelos, no me la puedo sacar de encima. En cuanto aprenda interrogación y exclamación me voy a vengar sin piedad: ¡¿jugamos?! ¡¿jugamos?! ¡¿jugamos?! ¡¿jugamos?! ¡¿jugamos?!


Mes 27

Papá se enoja porque toco todo. Toco los libros, los parlantes, la compu, pero no sé por qué se enoja si lo hago cuando nadie me ve. Si papá llega a entrar, yo me paro en el centro de la habitación y miro para arriba. Entonces papá llama a mamá y le dice que tienen que hacer algo y mamá le contesta que va a comprar una cadena y me va a atar a la pata de la mesa. Espero que sea a la mesa donde está la compu. El otro día me subí a un bolso que encontré por ahí y metí el palito del tambor adentro del agujero de un parlante. Mientras mamá trataba de sacarlo, me contó lo que costaba el parlante y decía que si papá se enteraba me echaba de casa. Yo no sé si era caro o barato, lo único que tengo claro es que un peso son un montón de euros y que mamá quiere que me quede en casa porque cuando vino papá no le contó nada.


Mes 30

La empleada doméstica no escucha nada. Yo digo más y ella entiende ma. Digo abre y escucha abue. Así no me voy a hacer entender nunca, ponen trabas a mi desarrollo. A veces también habla sola. Hoy le saqué la fregona y me la llevé por toda la casa. Después me metí en la caja de la aspiradora y estuvo un rato largo buscándome. Y para terminar el día le pedí que me empujara en la caja como si fuera un auto y la tuve yendo y viniendo por el pasillo hasta la hora de irse. Qué lindo es ser dueña de casa.


Mes 32

Aprendí a decir no y descubrí que es maravilloso. No tengo que hacer más lo que quieren los demás. Hoy por ejemplo dije no frente al arroz y todos entendieron que no quería comer arroz. Antes lloraba, ponía caras, daba vuelta la cara y sentía que nadie entendía lo que me pasaba. Ahora digo no con una claridad abrumadora. Algunos se enojan, otros cambian la táctica, otros lo aceptan, pero todos saben que soy capaz de tomar decisiones. Qué felicidad, qué dominio, qué liberación: no. Igual me falta aprender a aplicarlo porque me quedé con ganas de comer arroz.


(final sólo por pedido : )

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